Don José Chaparro ciudadano ilustre, bendecido con el don de sanar enfermedades populares y el alma
Los pioneros fueron claves para la apertura de los caminos que forjaron los primeros años de un pueblo que con el pasar de los años se transformó en uno de los destinos turísticos más importantes del país. No obstante, no son los únicos que marcaron la historia de Puerto Iguazú, a medida que progresaba la ciudad, personas de otras provincias llegaron a Puerto Iguazú a suplir necesidades, como fue le caso de Don José Chaparro que recientemente partió a su eterno descanso dejando un vacío y miles de recuerdos en los ciudadanos.
Don José Chaparro nació el 22 de febrero del 1934 en Monte Caseros Corrientes con tan solo 17 años fue contratado por la empresa Aerolíneas Argentinas como mecánico y debido a su experiencia fue trasladado e Puerto Iguazú en el año 1973 para prestar servicio en el aeropuerto de Iguazú que funcionaba desde el año 1964. Arribo a la ciudad de las cataratas junto a su esposa con la que tuvo 3 hijos y estuvo casado 70 años.

Don Chaparro fue Médico no recibido en la universidad, decenas de personas lo esperaban cada día en su casa para curarse de empacho, ojeo, dolores del corazón y del alma. motivo por el cual fue homenajeado como Ciudadano Ilustre en el año 2016 por su destacada e incansable trayectoria de labor comunitario como líder de la medicina no tradicional en la ciudad de Puerto Iguazú.
Su nieta Natalia Ruiz Cobo se siente bendecida de haber disfrutado de la presencia de su abuelo por tantos años y se siente acompañada por toda la comunidad al recibir cientos de mensajes afectuosos que resaltaban las cualidades de su abuelo.
“Terminó la secundaria siendo mejor alumno y 50 años después, nadie había podido superar su promedio, pero sé que fue un mejor ser humano, como dice en su libreta “destacándose siempre por su conducta caballeresca, contracción al estudio y trabajo” remarcó
Fue padre, abuelo y bisabuelo, de muchos más que los que la vida le dio “legalmente”, ya que tuvo 3 hijos, 4 nietos y 6 bisnietos. Pero seguramente también lo fue para todos los que pasaron por su casa. “Siempre tenía la palabra justa o el silencio necesario para dar un consejo, fue un gran maestro de paciencia, resiliencia, aceptación y sobre todo “perdón” remarcó con emoción

“Sentado en la cabecera de la mesa, después de las famosas milanesas de los sábados o los ravioles de los domingos, fue un placer y un privilegio escucharlo contar como armar y desarmar un auto o un avión, porque la mecánica fue una de sus grandes pasiones” recordó
Don Chaparro fue un esposo fuera de serie, compañero, detallista, se fue de este plano buscando la forma de que Doña Marina sea un poco más feliz cada día y lo hizo durante 74 años de vida juntos de los cuales 70 fueron en matromonio.
“El gran Don Chaparro, como me dijeron en uno de los tantos mensajes que recibimos por su partida, dejó en muchos corazones semillas de amor, fe, paciencia, resiliencia, esperanza y soy una convencida de que tarde o temprano, esas semillas darán sus frutos y que todos los que pasamos por la casa y la vida de Don Chaparro, haremos de este mundo un lugar mejor”
“Y para terminar, me gustaría citar una frase de Mario Benedetti “Después de todo la muerte, es solo un síntoma de que hubo vida” y puedo decir que él vivió sus 90 años siendo un aprendiz, dispuesto a aprender siempre cosas nuevas, adaptándose a cada época con una naturalidad que es digna de admirar e imitar” remató
