Los secretos de la ejecución de un chino en Puerto Iguazú y el signo del espeso mundo comercial de la Triple Frontera
Lo mataron sicarios frente a su casa en la ribera del Paraná, donde vivía escondido. Nadie sabía de él, pero estaba conectado a su comunidad de origen en Buenos Aires.
Por Hernán Lascano (Ciudad del Este, enviado especial de La Politica Online)
Una ráfaga repentina de disparos terminó hace tres semanas con la vida de José Suzuki, un hombre que vivía en una casa en una barranca ribereña en Puerto Iguazú, Misiones. Con su muerte asoman por primera vez algunos misterios de las atmósferas turbulentas del comercio en la Triple Frontera. En este caso la de un hombre ligado al contrabando y a la venta de mercaderías y su traslado hacia Buenos Aires. Con fuertes lazos con la comunidad china del barrio de Once, a la que según indican en la zona donde lo mataron, le confiaban dinero en efectivo para remesar al exterior.
A la ejecución de Suzuki, un nombre que él se inventó y que le dieron en un DNI argentino, la rodean las intrigas del comercio intenso y el tránsito humano incesante en esa punta de flecha que es el encuentro fluvial de Paraguay, Brasil y Argentina. Por esa dificultad de hablar claro de un fenómeno que no lo es, nadie fue más allá de describir la emboscada mortal ocurrida el 15 de febrero pasado. Los medios de Misiones solo reportaron que la víctima se llamaba José Suzuki, que era argentino con ascendencia japonesa de 66 años, que falleció tras ser atacado en su casa de la calle Violeta de los Alpes al borde del río Paraná, tras recibir disparos hechos con al menos dos armas, una de calibre 9 milímetros y una de 22.
Sin embargo, todo en la vida de la víctima está bajo la sombra del equívoco y de la confusión deliberada. Lo primero es que no era japonés sino chino, y muy fuertemente conectado a esa colectividad tanto en Ciudad del Este como en Buenos Aires. Según pudo saber LPO de parte de fuentes oficiales, de inteligencia y de algunas voces de Puerto Iguazú, este hombre llegó a Argentina bajo una corriente migratoria china que en los 90 entró al país por Bolivia. Y que luego a partir de una notoria flexibilidad en esa época tanto en la Dirección Nacional de Migraciones como en la Justicia obtuvo la nacionalidad argentina de una manera llamativa: le extendieron un DNI de ciudadano argentino como si hubiera nacido en el país, con numeración que empieza con 18 millones, que no corresponde a los 66 años que tenía y aparentaba, sino a personas que hoy promedian los 58 años.
De acuerdo a la información aportada a LPO este hombre tras llegar al país se movió en la Triple Frontera, pero se instaló en la zona recién en 2018. No habría sido solo para comerciar sino además para refugiarse. Operaba en Paraguay con compra de mercaderías muy diversas que despachaba por flete a Buenos Aires a la comunidad comercial china que está en el barrio de Once. Ellos eran sus principales clientes.
A partir de la confianza construida entre los chinos del Once, dicen las fuentes, empezó a manejar grandes volúmenes de dinero en efectivo de la comunidad, que trasladaba en sus viajes de regreso a la Triple Frontera. Ese dinero lo cruzaba a Ciudad del Este y por una comisión se la entregaba a cambistas informales que proliferan en el centro, quienes lo transferían por el sistema WeChat Pay, un método rápido para enviar dinero o pagar en China.
Pero ese enganche de ida y vuelta habría tenido su fin cuando hacia 2018 Suzuki se quedó con una ponchada de billetes que le habían confiado y no la mandó a los que debían recibirla. Desde entonces por el Once no volvieron a verlo. Se afincó en el barrio Santa Rosa de Puerto Iguazú que da al río Paraná y en un lugar muy escondido pero favorable a su propósito.
En los circuitos de los pasadores fuertes de la Triple Frontera era conocido. Compraba mercaderías muy diversas de origen. Según las fuentes las dormía en espacios propios durante un tiempo y después las trasladaba. Tenía para ello un depósito de Crucero del Norte que es una compañía de transporte y también el nombre de un club de fútbol al que apodan «el colectivero».
Suzuki operaba en Paraguay hacía 15 años cuando ocurrió el manotazo a los billetes de los chinos del Once. Dicen en el lugar que culpó a un empleado y se refugió en una cabaña que alquiló a un hombre de apellido Zárate en un lugar que tiene bajada al río y que está disimulado por la vivaz maleza de la zona. Como esas cabañas fueron construidas sobre terrenos fiscales a los seis meses de estar allí dejó de pagar alquiler y le dijo al dueño que sin título de propietario no tenía derecho a cobrarle.
Sus negocios allí venían de antes. Cuentan en Puerto Iguazú a LPO que el chino con apellido japonés recibía mercadería en barquitos que llegaban desde Presidente Franco, en Paraguay, como receptor de encomiendas. Fuentes de inteligencia del gobierno de Paraguay señalaron a este medio que de ese modo pasan mercaderías lícitas, pero también armas, municiones, drogas, baterías de celular, cigarrillos y todo tipo de insumos. Refieren también los vecinos que Suzuki tenía camiones de escaso porte con tanques de combustible.
La constancia de identidad de Suzuki, que este medio pudo ver en foto, es un DNI para un ciudadano argentino y no un DNI de extranjero. Las fuentes aluden que lo obtuvo en un momento particular en los 90 cuando inmigrantes chinos entraban de forma masiva e irregular al país a través de Bolivia
La constancia de identidad de Suzuki, que este medio pudo ver en foto, es un DNI para un ciudadano argentino y no un DNI de extranjero. Las fuentes aluden que lo obtuvo en un momento particular en los 90 cuando inmigrantes chinos entraban de forma masiva e irregular al país a través de Bolivia. Eran tiempos en que EEUU tenía un convenio por el que no solicitaba visa de ingreso a ciudadanos argentinos. En esa circunstancia, en ciudades como La Plata se concedieron vía judicial documentos donde inmigrantes asiáticos obtenían su nacionalidad argentina de una manera muy flexible. Lo extraño es Suzuki es que haya elegido ese apellido japonés que figura en su DNI y el número correspondiente a un nativo argentino y no a un nacionalizado.
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El 15 de febrero a las dos de la mañana un par de sicarios llegaron en lancha a la orilla del río donde el chino Suzuki vivía. Pueden haberlo sorprendido huyendo porque tenía un disparo en la espalda y otro en el estómago que le provocó una mortal hemorragia.
Con 80 mil habitantes Puerto Iguazú no es una ciudad chica, pero conserva pulsos de pueblo. «Era una persona casi sin contacto con la gente y muchos vecinos no lo conocían, pero había quienes sí», comenta no sin inquietud a LPO alguien de la zona. «Se comenta que en la época del contrabando de combustible en el terreno él enterró dos tanques para acopiar y después pasarlo a Paraguay».
«Acá nadie quiere hablar», le comenta a este medio un vecino en la YPF cercana al hito de las Tres Fronteras. «Ni la Policía de Misiones, ni la Policía Federal, ni Prefectura. Porque en la zona todos lo conocían. Tenía contacto con las fuerzas de seguridad que lo cubrían. Por eso lo único que se dijo acá de él es que misteriosamente alguien llegó para matarlo, pero sin mencionar ninguna hipótesis, como si no existieran motivos».
«La policía no entrega a quien le da de comer», es un dicho tranquilizador entre los comerciantes oscuros de esta sinuosa zona transfronteriza. El chino de nombre falso pudo haber sacado partido de ese beneficio, aunque las viejas deudas parecen habérselas cobrado al contado en una zona de monte al lado del río, donde estaba solo pero lo encontraron. A la víctima le secuestraron un teléfono celular que tal vez tenga pistas para revelar algo en un territorio que sabe esconder secretos.
Fuente: La Politica Online
